YANELIS

index.comunicación | nº 7 (3) 2017 | Páginas 187-209

E-ISSN: 2174-1859 | ISSN: 2444-3239 | Depósito Legal: M-19965-2015

Recibido el 29_06_2017 | Aceptado el 22_08_2017

 

De las TIC a las TRIC. Una nueva realidad socio-comunicacional en Cuba

From ICT to TRIC. A new socio-communicational reality in Cuba

Yanelis Martínez González | ymglez92@gmail.com | Universidad de Holguín. Cuba

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Resumen: Los avances tecnológicos registrados en el campo de la comunicación y la informática, su repercusión en la sociedad actual, han propiciado una nueva manera de interactuar a nivel social y personal, lo que representa nuevas relaciones entre el Sistema Social (SS) y el Sistema de Comunicación (SC). El Factor R-elacional de las TRIC propicia una mirada a este fenómeno más allá del mero componente técnico, en teoría determinante –hasta ahora– pues con el término relacional la atención se desplaza a las posibles aéreas de intercambio que pueden suscitarse a partir de esta plataforma. Este trabajo presenta una contextualización de las TRIC al contexto cubano. Para ello se analiza el empleo de tales tecnologías y las relaciones que se derivan de su utilización en diferentes ámbitos sociales. De igual modo se realiza un acercamiento a algunas de las principales concepciones teóricas acerca de este fenómeno, las cuales son tomadas como punto de partida para el análisis. Palabras clave: TIC; TRIC; Factor R-elacional; Cuba; interacciones sociales; comunicación.

Abstract: Technology has become one of the essential components of the contemporary world. Technological advances and their repercussion in society have become a new way of interacting and communicating socially, which represents new relationships between the Social System (SS) and the Communication System (SC). The R-elational Factor of TRIC provides a glimpse of this phenomenon beyond the mere technical component, because by introducing the term relational attention is shifted to the possible air of interaction, which can arise from this platform. This paper presents a contextualization of TRICs to the Cuban context. For this, the use of these technologies and the relationships derived from their use in different social areas, such as the educational one, are analyzed. In the same way it gathers some of the main theoretical conceptions about this phenomenon, which are taken as starting point for the analysis. Keywords: ICT; TRIC; R-elational factor; Cuba; Social interactions; communication.

1. Introducción

Los notables avances registrados en el campo científico y técnico han influido en los modos de concebir, distribuir, consumir la información en una sociedad altamente mediada por los dispositivos diseñados con estos fines. El desarrollo vertiginoso de esas tecnologías y la creciente inserción en diferentes planos de la vida social condicionaron que el término TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) se hiciera muy familiar, al punto de alcanzar gran repercusión en la cotidianidad contemporánea, aún cuando persisten diversas variantes de la brecha digital (algunos prefieren llamarla “dificultades entre generaciones”).

El informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (2015) considera que “las TIC tienen el potencial para mejorar el mundo, especialmente para los más pobres y privados de derechos como mujeres, jóvenes y personas con discapacidad”. No obstante, y pese a la certeza de la posibilidad que representan, se debe estar consciente de que la tecnología por sí sola no podrá lograr tal inclusión. Para ello es necesario también la inserción e interacción con los demás factores del sistema, pues como bien aseguran los investigadores Carmen Marta-Lazo y José Antonio Gabelas (2016: 27), los individuos están “conectados en un ecosistema comunicativo y relacional”.

En medio de esta realidad socio-comunicacional se producen una serie de interacciones sociales mediadas por estos equipos que llegan, incluso, a condicionar las maneras en que los individuos conciben y estructuran, no sólo las vías para obtener y transmitir información, sino también las relaciones interpersonales. Al mismo tiempo dicha relación a través de la tecnología ha propiciado la aparición y proliferación de Nuevos Medios Sociales (NMS), los cuales potencian, a la vez, perspectivas de organizar el discurso mediático alejadas de los criterios editoriales y la retórica de los Medios de Comunicación Masiva (MCM), siempre con la intención de potenciar la interacción con las audiencias.

Precisamente de esta interacción proviene el Factor R-elacional, nuevo componente que se integra al concepto de TIC y da lugar a las TRIC (Tecnologías de las Relaciones, la Información y las Comunicaciones) (Aranda, Gabelas y Marta-Lazo, 2012). Cuba, como nación y sociedad, no está exenta de estas tendencias y, pese a no contar con una infraestructura lo suficientemente moderna o con las prestaciones con las que sí se cuenta en otros países, ya es posible identificar la emergencia del factor R-elacional de las TRIC en las prácticas cotidianas de los miembros de esta sociedad.

De ahí que a partir de la novedad de este término, así como las peculiaridades del contexto cubano, resulte de interés el estudio científico del proceso de asunción del concepto de TRIC en el contexto y realidad socio-comunicacional cubano, teniendo en cuenta el Factor R-elacional, sin desdeñar la oportunidad de introducir líneas investigativas novedosas que se acercan a fenómenos afines y temas casi análogos a desarrollar en posteriores pesquisas sobre el tema.

2. Material y métodos

Esta investigación tiene como objetivo general el análisis de las TRIC en el contexto social cubano contemporáneo, entendiendo que, pese a las limitaciones técnicas y de infraestructura existentes en la isla, estas tecnologías ocupan hoy un lugar relevante en la cotidianidad del cubano y en las relaciones de una sociedad también mediada por este tipo de dispositivos, razones de peso para investigar un fenómeno atractivo por su emergencia fenomenológica desde las Ciencias Sociales y las Humanidades, en especial desde el área comunicológica.

Es por ello que se plantea como objetivo específico describir las manifestaciones del Factor R-elacional de las TRIC en el contexto comunicológico cubano contemporáneo, a partir de las interacciones sociales que pueden estar mediadas por las mismas, así como su aplicación a esferas tan importantes como la educación o la comunicación. El estudio permite, además, conocer la manera en que ha evolucionado la cobertura de la conectividad de la sociedad cubana, al tiempo que se señalan cambios dentro de los procesos que ocurren al interior del Sistema Social (SS).

La complejidad del fenómeno obliga a un abordaje desde un enfoque interdisciplinar a partir de conocimientos del área comunicacional, la sociología y otras Ciencias Sociales. Partimos de la premisa metodológica de que las interacciones sociales en el ámbito específico cubano se han transformado con la creciente inserción de las TRIC.

La primera fase, de carácter exploratorio, se centró en conocer el estado del objeto de estudio. Se recurrió inicialmente a las investigaciones que abordan el fenómeno de las TRIC, con tal que sirvieran de base a la posterior contextualización al marco cubano. Además, se apeló a datos de tipo cuantitativo que permitieran representar de forma estadística la situación tecnológica actual de Cuba, así como a la observación científica, la que permitió establecer determinados juicios de valor sobre el uso y las relaciones sociales mediadas por la tecnología.

La segunda fase estuvo dirigida a conocer el proceder social y las maneras en que se relacionan los individuos a partir de las TRIC, así como a determinar la aplicación de estas en ámbitos de tanta importancia como los citados anteriormente (escuela y comunicación). También se aplicaron un centenar de encuestas a jóvenes comprendidos entre los 15 y los 17 años, con el fin de conocer cuáles eran las prácticas y los medios más utilizados cotidianamente para obtener información, recrearse y relacionarse con su grupo. Los resultados permitieron corroborar información obtenida a partir de la observación u otros métodos empleados en el estudio exploratorio.

3. Aproximación teórica: De las TIC a las TRIC

La novedad del término TRIC, sobre todo en el campo científico hispanoamericano, convierte a los teóricos españoles Carmen Marta-Lazo y José Antonio Gabelas en los principales referentes teóricos a considerar, sobre todo al abordar el Factor R-elacional, de las investigaciones sobre dicho tópico. Debe tenerse en cuenta que el término TRIC en el contexto cubano adquiere un alto grado de novedad, lo que condiciona también la existencia de una bibliografía lo suficientemente abarcadora.

Inicialmente digamos que las TRIC, conjugación de las Tecnologías, las Relaciones, la Información y las Comunicaciones, como se ha señalado con anterioridad, “engloba el entorno de prácticas culturales y digitales que experimentan los usuarios en los entornos tecnológicos” (Marta-Lazo y Gabelas, 2016: 26). Para los autores el factor R-relacional se encuadra en una visión positiva y holística que abarca tres de las dimensiones del ser humano actual (cognitiva, emocional y social).

Al mismo tiempo advierten que tiene una doble dimensión: “la R competencial, basada en la capacidad de crear y mantener vínculos sociales y la R de riesgos, derivados de su uso indebido” (Marta-Lazo y Gabelas, 2016: 95). Se puede concluir entonces que la R en las TRIC supera el mero basamento tecnológico para enrumbarse hacia las interacciones y consecuencias de las mismas en la vida en sociedad.

El Factor R dentro de las TRIC presupone un replanteamiento de la relación entre los tres elementos primigenios, a la vez que con su inclusión se dinamizan y redimensionan, lo que los autores explican sobre todo en el plano de lo docente educativo (Marta-Lazo y Gabelas, 2016: 83-84), pero que ahora se adapta al entorno comunicacional:

→ R-elaciona con la “I-nformación”, busca el desarrollo de un pensamiento crítico sobre la información que recibe, sobre todo ante la tendencia de infoxicación, con lo cual se potencia la calidad de la información recibida. Además, el establecimiento de conexiones permite un mayor grado de contextualización.

→ R-elaciona con la “T-ecnología”, propiciará una mejor y mayor aprehensión de los elementos del lenguaje digital, dirigida a explotar su cultura participativa,[1] lo cual conlleva a una mayor interacción desde la distribución, compartición y producción de contenidos en el nuevo entorno digital, lo que propicia el surgimiento, con el desarrollo de estas habilidades, de un verdadero actor social en rol de EMIREC o prosumer.

→ R-elaciona con la “C-omunicación”, se supera la tradicional subordinación de la Comunicación al plano tecnológico. Se aboga por un mensaje bidireccional que supere el tradicional modelo de emisor-receptor, en el que el primero ostentaba cierta supremacía sobre el segundo. Ahora se habla de una verdadera retroalimentación en la que los términos se imbrican y dan lugar al ya mencionado ‘prosumidor’ o EMIREC.

Podría asegurarse que interactuar mediante las redes online genera espacios estables y lazos de confianza que facilitan el intercambio. Las redes sociales se convierten en espacios seguros donde compartir experiencias, lo que evidencia lo acertado del planteamiento de Giddens (2000), hace más de una década, al asegurar que “la globalización conllevaría la aceleración de las relaciones sociales, modificando sensiblemente las experiencias y modos de vida”.

Una de las esferas de la vida social donde este fenómeno tiene mayor impacto es en la educación, a partir de la “modificación (o inversión) del proceso educativo” (Garrido-Lora, Busquet Duran y Munté-Ramos, 2016: 48). Desde la segunda mitad del siglo xx los adultos pierden la primacía en la transmisión de conocimientos, valores y costumbres; los roles se invierten, con lo que se limita el control ejercido por parte de los mayores sobre los más jóvenes. Tal inversión del proceso educativo pone de manifiesto, a su vez, una de las aristas de la brecha digital: la generacional o etaria, evidenciada entre los “nativos digitales” y los “inmigrantes digitales”.

Al respecto Marc Prensky, autor que marca la génesis de tales denominaciones (“nativo e inmigrante digital”, asegura que es en la esfera educacional donde esta brecha es mucho más evidente, ya que “los inmigrantes digitales que se dedican a la enseñanza están empleando una ‘lengua’ obsoleta (la propia de la edad pre-digital) para instruir a una generación que controla perfectamente dicha lengua” (Prensky, 2010: 6), lo que propicia el desaprovechamiento de muchas de las habilidades que los “nativos digitales” han desarrollado y que pudieran ponerse en función de la docencia. Tal postura dificulta mucho más el proceso docente y distancia las realidades de educadores y educandos.

Es así que:

El nativo digital ha crecido en un entorno tecnológico digital y ha interactuado desde su niñez con dichas tecnologías, adquiriendo con naturalidad –incluso intuitivamente– conocimientos, competencias y habilidades en relación con las mismas. El inmigrante digital, por su parte, ha nacido antes de la popularización y difusión de las tecnologías digitales y tiene dificultades a la hora de adquirir estos mismos conocimientos y capacidades (Garrido-Lora, Busquet Duran y Munté-Ramos, 2016: 48).

Pero no se trata sólo de la diferencia entre habilidades o competencias para interactuar con esta nueva tecnología. Se trata también de transformar los métodos empleados en la docencia, de conjunto con la contextualización necesaria de lo que se va a enseñar. El propio Prensky hace alusión a la coexistencia en la actualidad de dos tipos de contenidos: “el heredado” y “el futuro”. El primer caso “incluye lectura, escritura, aritmética, el pensamiento lógico, la comprensión de los textos y las ideas del pasado, etc. –todos los de nuestro plan de estudios “tradicional”–; mientras el segundo es “en gran medida, y no es sorprendente, digital y tecnológico. Pero mientras que incluye software, hardware, robótica, nanotecnología, genómica, etc., también incluye la ética, la política, la sociología, los idiomas y otras cosas que van con ellos” (Prensky, 2001: 4).

En medio de este contexto resulta favorable el Factor R-elacional como vía para la adaptación al nuevo entorno y que pueda hablarse realmente de TRIC. La irrupción de la tecnología fomenta nuevas relaciones con y en el SS, al tiempo que se renuevan los intercambios entre sujeto y objeto del aprendizaje. Por tanto, se precisa la formación de la comunidad docente en dos sentidos, definidos por la profesora Bibiana Vargas como “instrumental y cultural”. En tal sentido debe tenerse en cuenta que:

La operatividad es necesaria, como también lo es la alfabetización de todos los miembros de la comunidad respecto a los objetivos que nos permite alcanzar dicha tecnología (trabajar colectivamente, comunicarnos eficientemente, almacenar información, etc.) y el papel que nos corresponde a cada uno ejecutar dentro de la esfera relacional (directivo, administrador, alumno, maestro, madre/padre etc.) (Vargas, 2017).

Según Valkenburg y Peter (2001) el éxito en el empleo de las TIC por parte de adolescentes y jóvenes “está estrechamente relacionado con la calidad del desarrollo psicosocial de tres elementos: la identidad, la intimidad y la sexualidad”. Para el devenir de estos aspectos los individuos deben potenciar la presentación de sí mismo y la de compartir su intimidad con otros, aristas en las que las nuevas tecnologías logran un papel protagónico y el establecimiento de nuevas relaciones e interacciones sociales, quizás motivado por el espacio de confianza o seguridad que estas nuevas plataformas inspiran en los usuarios más jóvenes.

De esta forma las TRIC superan el determinismo tecnológico pues al introducir el término de relaciones o relacional se supera el rol del equipamiento para detenerse en las posibles áreas de intercambio o interacciones que se pueden crear en esta plataforma. Es otra manera de percibir, procesar e incluso distribuir la información por parte de los diferentes actores y que conlleva a lo que se ha denominado como “un ecosistema holístico entre y con todos sus interactuantes”, en una suerte de humanización de las tecnologías, donde no es una mera interacción, sino que también se construye conocimiento a partir de las representaciones preconcebidas de cada uno de los actores.

4. Análisis y resultados

Si bien es cierto que en Cuba aún no se dispone de toda la conectividad o acceso deseado a las redes sociales, también es una realidad que cada día se incrementa el auge de las tecnologías y su repercusión en las diferentes esferas de la vida cotidiana de la sociedad cubana. Si hablar de TIC, su utilización y desarrollo no es una utopía en el contexto cubano, tampoco lo es contextualizar las TRIC y su Factor R-elacional en el mismo entorno social.

En este caso no sólo hacemos referencia a los llamados “nativos digitales”, pues aún cuando son ellos los que poseen mayor nivel de inmersión tecnológica, no son los únicos que se apropian de ellas y las emplean hasta convertirlas en habituales y necesarias en su actuar cotidiano. En este sentido podríamos apropiarnos y reproducir dos términos del profesor Ramón Zallo (2016: 40) para ubicarlos en el contexto cubano. Se trata del “homo digitalis” como etapa anterior al “homo mobilis”, para referirnos a un tipo de individuo para el que la telefonía fija es desplazada a un segundo plano por la ubicuidad del móvil.

Así lo reflejan los datos de los usuarios de ambas telefonías en Cuba hasta marzo de 2016 (figura 1):

Figura 1. Usuarios de servicios telefónicos en Cuba hasta marzo de 2016.

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Este incremento de la telefonía móvil (“homo mobilis”) por encima de la telefonía fija conlleva al crecimiento del número de usuarios conectados a través de líneas de este tipo. En tal sentido el país ha experimentado un crecimiento significativo de este servicio desde 2003 hasta la fecha, tal y como lo evidencian las estadísticas de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), lo que permite hacerse una idea de cuántas interacciones sociales, independientemente de su contenido (profesionales, personales, emocionales, etc.) se desarrollan a partir de la telefonía móvil en Cuba (figura 2):

Figura 2: Evolución de los servicios de telefonía móvil en Cuba hasta mayo de 2017.

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A partir de este contexto un gran número de las interacciones sociales que establecen los individuos y grupos están mediadas por el uso del teléfono celular y la búsqueda de alternativas para sortear los obstáculos estructurales e ideológicos que supone la deficiente conectividad del país. Dentro de esta mediación digital alcanzan un lugar privilegiado una serie de aplicaciones móviles que facilitan el intercambio de información u otras necesidades del individuo.

La aplicación Zapya[2] permite, al no tener los individuos y colectivos un acceso permanente a Internet ni con la velocidad requerida, la socialización de materiales, imágenes, música, videos, así como de otras aplicaciones para el móvil o la PC. Se crea entonces lo que se denomina red offline de proximidad entre muchas personas.

En este caso estamos en presencia de una mediación, además de digital, también multidireccional, pues pueden conectarse al unísono varios individuos y cada uno suplir sus necesidades informativas, relacionales y tecnológicas, a partir de lo que ofrecen los demás actores de la red, demostrando la interactividad de estas conexiones de tipo personal y/o profesional, pues cada uno gestiona sus intereses y no depende de lo que otro pudiera facilitarle.

Asimismo permite la conexión en una suerte de chat o foro offline que permite la socialización de ideas y criterios sobre un tema específico, así como cámara compartida y juegos dentro de la misma aplicación, lo que conlleva a la creación de una experiencia social a partir de la interacción a través de ella.

Estas características de este programa han sido aprovechadas y llevadas al contexto educacional, sobre todo en la enseñanza universitaria. Algunos profesores, principalmente los más jóvenes, más cercanos generacionalmente con sus alumnos, utilizan Zapya para facilitarles la bibliografía del tema, mientras en sentido inverso los estudiantes pueden entregar por esta vía el trabajo independiente orientado. En el segundo aspecto, los chats o foros posibilitan la realización de consultas a aquellos educandos que así lo requieran, contribuyendo a una atención diferenciada y continua. Además, en estos mismos espacios se pueden producir debates y polémicas como una vía para mantener al estudiante universitario motivado y enfocado en el tema.

De esta forma se logra dinamizar las clases, volverlas más divertidas, pues es una realidad que los alumnos en este nivel de enseñanza “tienen poca paciencia para las conferencias, la lógica del paso a paso, y el método de enseñanza “explicar-examinar” (Prensky, 2001: 3). Así los profesores más jóvenes, o aquellos “inmigrantes” más adaptados al nuevo entorno, logran un mayor acercamiento con sus estudiantes, a diferencia de los que continúan empleando los métodos convencionales en la docencia. En palabras del propio autor estamos en presencia de “las nuevas maneras con que se aprenden las viejas materias” (Prensky, 2010: 9), lo que significa una renovación de los métodos que hasta el momento se emplearon al interior de las aulas. Se demuestra que es posible la utilización de “metodologías nativas” para todos los temas.

Pero las interacciones establecidas a partir de las tecnologías no se evidencian solamente en el ámbito educativo, sino que también llegan hasta procesos tan cotidianos como informarse o distraerse. Las encuestas realizadas permitieron conocer que los jóvenes mayoritariamente prefieren este tipo de medios para informarse. Ubican en primer lugar al móvil o a la tableta (figura 3), por ser los más portátiles, seguidos de la televisión, la computadora personal, la radio y la prensa plana en ese orden. Es significativa la manera en que los medios audiovisuales superan la prensa plana y cómo, a su vez, los medios visuales gozan de mayor aceptación que aquellos que, como la radio, sólo le ofrecen sonido. En el caso específico de la recreación y el esparcimiento (figura 4) la computadora personal, fundamentalmente los videojuegos o el consumo de series y películas en ella, fue la opción preferida, secundada ahora por el celular, no solo por las posibilidades y facilidades para el juego, sino también porque les permite interactuar de forma más directa con su grupo:

Figura 3: Empleo de medios por parte de los jóvenes entre 15 y 17 años para orientarse e informarse.

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Figura 4: Empleo de los medios por parte de los jóvenes entre 15 y 17 años para la recreación.

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Tales resultados evidencian que esta generación –téngase en cuenta que los encuestados son adolescentes que cursan el preuniversitario– son un grupo social altamente tecnológico, que no conciben estos dispositivos como un mero aditamento técnico, sino que los catalogan como un componente de mucha importancia en sus vidas. Las nuevas tendencias de lo audiovisual, ahora adaptadas a los requerimientos de móviles, tabletas o navegación, se ubican en la cima de las preferencias de quienes se han desarrollado como entes sociales a la par de los adelantos tecnológicos. De esta forma estos equipos superan el mero rol técnico para convertirse en pieza clave de las relaciones que se establecen entre ellos.

Un ejemplo de dicha interacción y del fomento de relaciones en el contexto cubano es la utilización de los mensajes de textos (SMS), desde los cuales se establece una comunicación escrita, indirecta, no verbal que, aunque para muchos afecta las relaciones interpersonales e incluso el lenguaje debido a su peculiar sistema de signos, podría suponer también el establecimiento paulatino de un alfabeto alternativo, digital, interactivo, propio de una comunidad contemporánea, de habitantes del ciberespacio y las redes sociales. Los SMS constituyen una manera eficaz de comunicarse, sobre todo si se tiene en cuenta la inclusión de emoticonos, íconos y signos que dotan al mensaje de una determinada calidez y cercanía pese a la distancia.

Aún cuando la infraestructura no satisface las demandas del ecosistema digital en gestación y crecimiento, el Factor R-elacional emerge de manera más candente si se analiza en el marco de la comunicación a través de las redes sociales. En ello influye el incremento de las condiciones tecnológicas para favorecer el servicio, fundamentalmente en los últimos dos años (figura 5).

Las imágenes cotidianas del entorno social cubano revelan que cada día son más los usuarios de las redes y que aunque son los jóvenes el sector poblacional que las utilizan con mayor asiduidad no es un fenómeno privativo de ese grupo etario. Según los directivos y funcionarios de ETECSA “diariamente docientos mil internautas acceden como promedio a los servicios de conectividad inalámbrica de las zonas WiFi, sobre todo en el horario comprendido entre las 8.00 y las 10.00 pm., la franja temporal más activa en ese sentido” (Rubio, 2016).

Figura 5. Servicios de conectividad en Cuba hasta marzo de 2016.

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La navegación en lugares públicos por WiFi, más allá de la posibilidad de recibir correos en los celulares, se ha convertido en un hecho de dimensión social, debido principalmente a la utilización de IMO[3], convertida en la aplicación por excelencia de los cubanos para hacer video llamadas, incluso por encima de Skype, una de las más populares del mundo pero que está bloqueada para Cuba. Conocer la cifra exacta de usuarios con que cuenta esta aplicación se complejiza, dado que la página institucional de ETECSA (www.etecsa.cu) no ofrece dichas estadísticas, como tampoco sus especialistas. No obstante, la observación permite afirmar que la mayoría de los clientes de telefonía móvil que cuentan con un teléfono Android utilizan IMO para comunicarse con sus familiares y amigos fuera del país.

De hecho, buena parte de las conexiones registradas diariamente en las áreas WiFi, a las que se hizo alusión anteriormente, tienen como objetivo establecer la comunicación por esta vía. Además el establecer una suerte de encuesta o discusión grupal a través de las propias redes sociales se pudo corroborar los juicios de valor emanados de la observación científica en diferentes zonas WiFi.

Un aspecto que no se puede eludir al respecto es el de naturaleza económica. Emplear dicha aplicación redunda en un ahorro y aprovechamiento sustancial del fondo de tiempo de conexión al abaratar el proceso de acceso a las redes. Una hora de llamada por IMO a cualquier lugar del mundo cuesta en Cuba los dos CUC de la tarjeta de navegación Nauta, mientras que las tarifas de las llamadas telefónicas de larga distancia superan un CUC el minuto.

Además es mucho más eficiente y empático como herramienta de enlace virtual con amigos y familiares, pues la aplicación abre una suerte de portal para dialogar, interactuar, ver a los seres queridos que se encuentran en otras regiones del mundo. Mediante IMO se acortan las distancias y se estrechan los lazos afectivos y emocionales, las relaciones entre las personas, al permitir una comunicación mucho más cálida, directa e íntima que a través del correo electrónico o una conversación por chat.

Mediante la red se establecen relaciones entre los usuarios que convierten a las TRIC en una herramienta para lograr diferentes fines, con lo que se supera el determinismo tecnológico al que ya se hizo referencia. Estas interacciones desde y en las redes contribuyen al desarrollo de la competencia digital del individuo, pues a partir de este momento se le facilita el dominio del lenguaje digital, así como la manipulación del software y demás requerimientos de la cibersociedad, que pudieran repercutir de igual forma en el desarrollo de las Habilidades para la Vida[4] (HpV) a las que nos referiremos más adelante.

Es importante mencionar también las redes de usuarios, que en el contexto cubano representan las asociaciones informales organizadas por los apasionados a los videojuegos. En la actualidad han devenido en una extendida red colaborativa que permite no sólo las interacciones necesarias para avanzar en un juego virtual, sea contra la máquina u otros gamers conectados en tiempo real, sino también el intercambio y manejo de información. De ahí que mientras más integrantes activos e interconectados conformen la red, más importancia revestirá para un no miembro integrarse y pertenecer a ella.

El Factor R-elacional también encuentra cabida en el campo educativo. De hecho es en la esfera pedagógica y social donde autores como Carmen Marta-Lazo, José Antonio Gabelas, Bibiana Vargas Morales, Dani Aranda, entre otros, le confieren mayor relevancia a su empleo. Un botón de muestra lo constituye la utilización en universidades cubanas de la plataforma Moodle, algo más que un mero repositorio de contenidos y bibliografía que deviene en una zona de intercambio entre profesionales de la educación superior cubana, entre los profesores y estudiantes, así como de estos entre sí, posibilitando la socialización de experiencias docentes, información y otros elementos que enriquecen el Proceso Enseñanza-Aprendizaje y Docente Educativo.

A través de la plataforma interactiva Moodle los profesores facilitan bibliografía, orientan trabajos independientes e incluso evalúan a sus alumnos. También podrían ofrecerles consultas personalizadas a través del chat y demás opciones interactivas que ofrece dicha plataforma. Moodle ha alcanzado tal grado de ascendencia dentro de la Educación Superior cubana que uno de los parámetros evaluados por la Junta de Acreditación Nacional (JAN) es precisamente su correcto funcionamiento, no como mero facilitador de bibliografía, sino su utilización como una verdadera plataforma interactiva. O sea, todo programa formativo, ya sea de pregrado o de posgrado, que aspire a su acreditación tiene que contar y emplear adecuadamente la plataforma Moodle.

Dentro del plano docente universitario se ha convertido en práctica, sobre todo en aquellas que así lo requieren, la socialización de aplicaciones y programas, tanto desde y para ordenadores personales, como para teléfonos móviles con sistema operativo Android, lo que en el ejercicio de la profesión ayuda a contrarrestar los efectos de la insuficiente conectividad.

Ese es el caso de aplicaciones como Youtube Studio, Magisto, KineMaster, entre otras, que facilitan el proceso Enseñanza-Aprendizaje y la formación de los estudiantes de Periodismo. Estos, a diferencia de otros como IMO o Zapya, no gozan de una gran masificación, pues su mayor carácter profesional, de oficina, los convierte más bien en medios de enseñanza. Son entonces los alumnos de la Carrera de Periodismo, específicamente los de la Universidad de Holguín, quienes los emplean más frecuentemente. A ellos se suman profesionales de los medios o de otras especialidades, que comienzan a desarrollar las competencias para su empleo a partir de cursos de posgrados.

También se emplean las redes sociales, en especial Facebook, para la creación de páginas, no tanto personales, sino con un perfil más profesional y académico. Un ejemplo bien podría ser la cuenta habilitada en esta red a nombre de la Carrera de Periodismo de la Universidad de Holguín, mencionada anteriormente, que así logra mayor visibilidad entre sus homólogas, lo que a la vez propicia una mayor interacción e intercambio con sus similares de otras universidades donde también se estudia la especialidad, e incluso con individuos e instituciones que si bien no son especialistas del todo, sí les interesan estas temáticas.

La idea de la enseñanza continua e informal, aquella que ocurre más allá del aula y la escuela, entiende el aprendizaje y la educación como un proceso perenne de desarrollo de habilidades no convencionales ni transmitidas por las vías formales. En estos marcos, generalmente producidos y reproducidos en las redes sociales, los más jóvenes se auxilian de sus coetáneos para la solución de determinados problemas o la adquisición de ciertos conocimientos alternativos, no académicos, relacionados tanto con la vida offline como online.

De ahí que no es raro encontrar en las aulas, sobre todo en las primeras enseñanzas, estudiantes con destrezas y habilidades muy avanzadas en el manejo de las tecnologías, capacidades que no han sido adquiridas en la escuela ni el hogar, sino que muchas veces son el resultado de la observación y de la interacción con el grupo del que forman parte.

No obstante, muchas veces estas habilidades entran en conflicto con los modelos de enseñanza, pues, aún cuando se incluye la utilización de las TIC en el proceso educativo, se rechazan o no son aceptadas del todo estas prácticas digitales, ya aprehendidas por los educandos. Los adolescentes, jóvenes y niños, se resisten a la visión que los adultos intentan imponerles sobre las tecnologías, meramente instrumentalista.

La comunicación, por supuesto, no escapa a esta serie de transformaciones sociales. Recordemos que Luhmann (2000) no sólo plantea la idea de la sociedad como sistema, sino que también hace alusión a la importancia del proceso comunicativo dentro de la misma. De ahí, como ya se ha dicho, el estrecho nexo entre SS-SC.

Recordemos lo planteado respecto a dos de los elementos fundamentales de la comunicación: emisor y receptor y la posterior hibridación de ellos para dar lugar al EMIREC o prosumer. Aunque la nueva realidad comunicacional quizás no haya alcanzado en Cuba el nivel de concreción de otros países y regiones debido a las deficiencias tecnológicas y de conectividad harto conocidas, ello no quiere decir tampoco que tal manifestación esté ausente.

El hecho de poder relacionarse en las redes, interactuar sobre lo que en ellas se produce, brinda la posibilidad de que el usuario sea emisor y receptor, pero a la vez se convierte en curador y distribuidor de contenidos, tanto propios o ajenos. Una muestra muy sencilla. Un internauta cualquiera sólo compartirá en su muro de Facebook el post de un medio que, por los motivos que sean, le resulta atrayente, interesante, acertado en su enfoque.

Pero no sólo se limita a compartirlo, sino que también lo comenta o agrega cualquier otra idea en el momento de socializarlo. Coincidimos así con un internauta-participante que se apropia de los significados, al tiempo que los deconstruye y es capaz de crear otros nuevos. Aparece lo que Garrison y Rourke (en Chiecher, s/a) conceptualizan como ‘presencia social’, visible en la sociedad cubana a través de sus tres dimensiones. Una social, referida a las destrezas que los participantes utilizan para proyectarse emocionalmente en público; una didáctica, que describe diseños y realizaciones de proyectos cognitivos y sociales; y una cohesiva, desde la que se construye un nosotros grupal donde se generan vínculos de comunidad.

Su concreción la encontramos en las redes informales para videojuegos, pues no sólo interactúan en tiempo real; también crean comunidades o grupos que llegan a ser componentes distintivos de esos individuos, sin contar el nivel de identificación de los jugadores con ciertos personajes o historias del videojuego en el que están y viven inmersos. Otro ejemplo son las redes sociales, especialmente Facebook, donde los usuarios que interactúan gestionan grupos atendiendo a sus afinidades, expectativas, experiencias, intereses, necesidades y objetivos, hasta generar una comunidad virtual, que a su vez recluta nuevos seguidores, divulgan eventos, promocionan productos y servicios, llegando incluso a fomentar el debate abierto sobre determinadas problemáticas comunes.

Dentro de la comunicación otra de las realidades que alude a la presencia del Factor R-elacional en el contexto cubano es el hipertexto. Si bien es una práctica no privativa de Cuba, pues es uno de los rasgos de la comunicación en la nueva era digital, su empleo discrecional por los periodistas permite al usuario ser dueño, poder elegir su recorrido por la historia hasta complementar la propuesta inicial. La propuesta de lectura primigenia se bifurca por tanto en diferentes direcciones, incluso contradictorias, lo que a su vez contribuye a establecer un sistema de mayor interactividad e interdependencia. Volviendo a las HpV, si bien estas estaban concebidas para la cotidianidad offline, el surgimiento y desarrollo del nuevo escenario social que potencian las TRIC obliga también al surgimiento y desarrollo de ciertas habilidades muy específicas.

Según Gabelas y Marta-Lazo (2012) son:

[...] aquellas aptitudes necesarias que permitan un comportamiento asertivo, adecuado y positivo; que permiten abordar el conflicto del crecimiento integral, así como los retos y desafíos de la vida diaria; que permitan que una misma habilidad, como el pensamiento crítico y creativo, pueda facilitar diferentes situaciones psicosociales positivas, como la capacidad para resolver conflictos o la asertividad en la presión del grupo de iguales; y entrar en conexión con diferentes competencias digitales como la reutilización de contenidos y producciones, lenguajes, experiencias, formatos, medios o soportes, o la gestión de la identidad digital, muy relacionada con subjetividades o inteligencias múltiples.

Dichas habilidades logran una relación bidireccional y que José Antonio Gabelas ha clasificado en dos grandes grupos: “endógenas, que abarca las tres dimensiones del sujeto (cognitiva, emotiva y social), y exógena con tres niveles de integración y proyección (individual, social y ambiental)” (Gabelas, 2012). En una revisión de estas concepciones el autor y Carmen Marta-Lazo (2016) señalaron las habilidades y competencias propias del escenario digital, aunque es válido señalar que unas no excluyen a las otras, sino que se complementan. El dominio de estas competencias garantiza el empoderamiento en el ciberespacio.

La primera habilidad es la tecnológica, que incluye las competencias para trabajar con el hardware y el software. En nuestra realidad son los jóvenes los que han logrado un mayor desarrollo al respecto, al reconocer los límites y posibilidades que le ofrecen las TRIC. Son ellos los que logran más rápido y de forma más efectiva el manejo de los dispositivos tecnológicos, en sus diversas variantes.

La segunda habilidad conecta con el espíritu cooperativo que se establece a partir de la interacción continua con esta plataforma, a fin de resolver problemáticas, destreza en la que continúan siendo los más jóvenes los principales actores, aunque se aprecia cierto incremento de otros grupos de edad. La tercera habilidad está relacionada con la capacidad para asumir una posición valorativa y crítica ante la validez de la información que se consume y distribuye. Ésta sería una de las habilidades que se precisa desarrollar en el marco cubano actual, pues ante un entorno virtual en el que la información satura, al punto de poder hablarse de infoxicación y la creciente circulación de contenidos desde procedencias muy diversas, los criterios de selección resultan casi aleatorios del todo.

La cuarta habilidad se desprende de la construcción de una identidad individual que se desplace entre lo online y lo offline; de esta forma el individuo será capaz de concebirse tanto fuera como dentro de la sociedad en red. Capacidad que debe fomentarse sobre todo en las edades tempranas, pues no podemos obviar que si bien las interacciones en el ambiente digital contribuyen al desarrollo de la misma, también son cruciales las relaciones que se crean en la sociedad analógica. En consecuencia se han dado casos de niños que han presentado algún episodio traumático, sobre todo de tipo psicológico, a causa de la sobreexposición a los videojuegos y demás tecnologías.

La quinta competencia o habilidad establece el compromiso cívico y ciudadano, relacionado con aquellos aspectos que se pueden expresar en el ámbito privado y su consecuente transición a la esfera pública. Las reconfiguraciones de lo social y lo privado que se han producido nos permiten referirnos a lo que Zallo (2016: 64) denomina “ciber-hogar u hogar digital”, donde lo que fuera un espacio íntimo, de interacciones, a una escala más estrecha, ahora se convierte en un “espacio público transversal” desde el que el individuo no sólo recibe, sino que también, gracias a las redes y los NMS, producen su propia agenda.

No obstante, el replanteamiento de las nociones de espacio privado no quiere decir que cuando se modifican los escenarios, tanto domésticos como sociales, suceda lo mismo con los contenidos. Quizás sea ésta una de las capacidades más desarrolladas en Cuba, pues todavía están bien definidos los productos aptos para el consumo en un espacio u otro.

La última competencia digital se deriva de la capacidad para reutilizar contenidos, desde la apropiación de ideas, discursos e imágenes de diversos orígenes para la construcción de un nuevo producto que puede estar en el hilo de las narraciones transmediáticas. Aunque existen algunos indicios que apuntan en esta dirección aún no es suficiente el desarrollo de tal habilidad en el entorno virtual cubano, sobre todo si se tiene en cuenta la reutilización de los discursos mediáticos.

Al analizar las seis competencias descritas se aprecia la estrecha relación que se establece entre ellas, y como el Factor R-elacional atraviesa de forma transversal el proceso comunicativo, pues reaparece el elemento cognitivo y la mirada crítica en torno a las tecnologías, así como el dominio de las mismas para acceder a la información vital. Las habilidades permiten la comunicación, la afiliación entre colectivos o grupos, y las interacciones que se intensifican a escala social.

El análisis realizado en torno de la presencia de las TRIC en el contexto social específico cubano permite delimitar, además de su importancia, algunas limitaciones o problemáticas aparejadas a ellas, por lo que se procedió a desarrollar una Matriz DAFO que resume algunos de estos aspectos (figura 6).

En este caso se han ubicado dentro de los aspectos negativos para la utilización de las TRIC en Cuba la limitante real que representa la insuficiente infraestructura, de conjunto con las dificultades de conectividad, lo que conlleva a que su desarrollo no sea ni el deseado ni el apropiado, en comparación con el ritmo al que marcha la tecnología en el mundo. A estos aspectos de carácter objetivo se suman otros de índole más subjetiva, pues depende de la óptica de la persona que aprecie el fenómeno. Se trata de la postura que concibe estas tecnologías más asociadas a la recreación que a la formación continua del ser social. De ahí que esas sean señaladas como las principales debilidades del contexto cubano.

Figura 6. Matriz DAFO de la contextualización de las TRIC en Cuba.

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En las amenazas se ha ubicado la falta de asesoramiento, ya que es harto conocido que el abuso de estas plataformas y aplicaciones puede llevar a la enajenación o la dependencia emanada de la interacción excesiva con los dispositivos, sobre todo en el caso de los niños y las posibles consecuencias psicológicas. Dado que ningún extremo es favorable no se puede obviar entonces el desaprovechamiento de las habilidades digitales desarrolladas fuera del contexto docente tradicional y que en muchas ocasiones es visto, precisamente, como una amenaza o un freno al proceso instructivo, lo que deviene, como ya se ha dicho, en el distanciamiento entre profesores y alumnos y la pérdida de interés de estos últimos. Básicamente son estas las situaciones que pudieran incidir de forma negativa en la asunción de las TRIC en Cuba.

Sin embargo, todo no es negativo. El déficit de conectividad ha sido contrarrestado a través de la masificación de aplicaciones, como Zapya, que permiten, una vez que alguien dispone de la información, que ésta sea socializada, al punto de convertirse también en un novedoso y útil medio en la enseñanza universitaria. Algo similar ocurre con las redes informales y su transformación en una especie de espacio colaborativo, pues lo que se inició como una vía de conexión para jugar videojuegos hoy representa una forma de intercambiar información e interactuar socialmente. Son fortalezas de las relaciones sociales a través y/o con la tecnología, una arista del Factor R-elacional.

Esas mismas fortalezas dan lugar entonces a ciertas oportunidades, pues, por poner un ejemplo, su aplicación al área docente posibilita un mayor nivel de interacciones a escala social. Con ellas se desarrollan las habilidades, tanto para la vida analógica como digital, lo que ofrece las condiciones necesarias para el fomento de un actor social devenido EMIREC o prosumer. Tales transformaciones sociales y comunicacionales permiten asegurar que el Factor R-elacional interactúa de manera transversal con los componentes primigenios (TIC) y, por ende, que las TRIC propician la emergencia de un nuevo contexto socio-comunicativo en Cuba.

5. Discusión y conclusiones

Los estudios cubanos realizados en torno a la repercusión y consecuencias de la creciente inserción de las nuevas tecnologías en la sociedad aún presentan un enfoque tecnicista, pues continúan percibiendo estas tecnologías desde el prisma instrumentista, sin acercarse a las interacciones que ellas suscitan dentro del SS.

Los resultados de nuestra investigación permiten afirmar que las TRIC en Cuba presentan un escenario diferente en sus contextos y mediaciones dentro de la comunicación digital al facilitar el empoderamiento de determinados grupos de edad, como pueden ser los niños y adultos jóvenes, a partir de su contacto con las redes sociales y videojuegos, con los cuales crean espacios e instrumentos de cooperación colectiva, confianza y empoderamiento.

La telefonía móvil supera a la fija y un nuevo actor, el denominado “homo mobilis”, emerge en el intento de lograr la ubicuidad a través de la conectividad a las redes, las cuales, a su vez, posibilitan la interactividad digital, una nueva manifestación de la interacción social, que se convierte en receptiva y creadora, nunca pasiva.

El Factor R-relacional, transversal a los demás componentes de las TRIC, supone una revisión irreversible del término TIC, que supera el determinismo tecnológico, para adentrarse en las interacciones emanadas de ellas y que se aviene muy bien al contexto cubano, pues permite la descripción de los procesos y relaciones que se establecen a partir de la tecnología, aun cuando en el país existen deficiencias en el acceso y explotación intensiva de la misma.

En el plano docente se produce una especie de estancamiento de la escuela y los modelos pedagógicos, donde en muchas ocasiones se desaprovechan las posibilidades que ofrecen las TRIC para la educación, lo que está relacionado de forma directa con la omisión o subestimación de los saberes alternativos que desarrollan los educandos en contextos o a través de vías no formales, alejados de la instrucción académica, que analógica y convencional, no los complace ni seduce del todo.

Se precisa la concepción de la educación como un proceso constante, ininterrumpido, mucho más abarcador que la mera transmisión de saberes y que comprende un área mucho más extensa que el aula. El aprovechamiento de esas capacidades propiciaría el desarrollo de las HpV, con lo que se lograría un individuo con muchas más competencias para interactuar en la nueva sociedad que se construye cotidianamente a partir de las relaciones mediadas por la tecnología.

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Para citar este artículo:

Martínez, Y. (2017): ‘De las TIC a las TRIC. Una nueva realidad socio-comunicacional en Cuba’, en index.comunicación, 7(3), 187-209.

[1][01] Cultura participativa: “Todos los espacios de afinidad apasionada se organizan en primer lugar y sobre todo en torno a una pasión específica que no necesariamente es compartida por todo el mundo (algunos sólo tienen cierto interés), pero es el ‘incentivo’ el espacio alrededor del cual se establecen normas, valores y comportamientos” (Hirsjärvi, 2013: 40 en Marta-Lazo y Gabelas, 2016: 75).

[2][02] Herramienta para Smartphone, independientemente del sistema operativo instalado, que permite enviar archivos (fotos, música, videos, etc.) a otros usuarios de la aplicación de una forma cómoda y rápida.

[3][03] Es una de las tantas aplicaciones de mensajería instantánea que usan el protocolo VoIP (Voz sobre IP), para permitir la comunicación mediante Internet. En países como Cuba, con muchas restricciones de los operadores telefónicos y poco ancho de banda en las conexiones, IMO es la aplicación más empleada. Permite chatear en grupo con amigos y familiares, además de compartir fotografías y videos en la misma aplicación Android.

[4][04] Desde la perspectiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se entienden como “grupo de competencias psicosociales y destrezas interpersonales que forman el entorno de manera que sea propicio para la salud” (Marta-Lazo y Gabelas, 2016: 114).

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